"Primavera"


PRIMAVERA
“Allá a lo lejos puedes escuchar
a un amor de primavera
que anda dando vueltas…
Que anda dando vueltas.”
Ramses VII
A
veces nos reuníamos en la rotonda del Obelisco donde enseguida
aparecían algunas guitarras y nos quedábamos hasta tarde haciendo
música. De ahí nos íbamos a plaza Francia o a Saint Tropéz, o si
no copábamos algún bar donde pasar la noche naufragando. Había
pasado la época de La Perla del Once donde Tango compuso “La
Balsa. Yo casi no la conocí. Fuimos un par de veces pero ya no iba
nadie. La gente se encontraba en otras partes. Como decía Miguel:
“La cana esta vigilante”. De modo que donde fuésemos siempre
había persecuta y lo mejor era encanutarse, pero se acercaba la
primavera y la gente tenía ganas de salir a la calle y sentirse
libre. Pipo había propuesto que hiciésemos algún circo y todo el
mundo se anotó. Pipo siempre tuvo mucho poder de convocatoria entre
los locos porque era un desmistificador y tenía gran capacidad para
analizar crudamente la realidad.
A mi
nunca me interesó la política. Cuando me preguntaban a qué partido
político estaba afiliado o qué ideas políticas tenía, me hacía
el tonto y tartamudeando contestaba:
-A
mi… no me gusta… la policía.
Y
cuando mi interlocutor me aclaraba que me había preguntado por la
política le respondía:
-A mi
me gusta la poesía.
Si
escuchaba radio y hablaba algún político, cambiaba de emisora. Si
estaba hablando el presidente por la cadena nacional, apagaba el
aparato. Y si lo tenía que escuchar forzosamente me entretenía
haciendo una descomposición del lenguaje tratando de entender la
parte oculta del discurso, lo que el político no debía dejar
traslucir. Pero no era del todo errado que la actividad policial era
un reflejo de cierta política. Buenos Aires es una de la ciudades
más policiales del mundo. Leí en un artículo que ni en la Alemania
nazi hubo tanto despliegue policial y control social como en Buenos
Aires Capital. Y el modelo mismo de organización de la policía es
un calco del modelo alemán. Además, según
las
estadísticas también es la ciudad mas psiquiatrizada del planeta.
Tal vez esto sea un reflejo de la mentalidad represiva de los
argentinos. Algunos gobiernos fueron muy rigurosos y otros más
moderados pero para los jóvenes el termómetro que marcaba la
temperatura política del país era la policía. ¿Se podía salir a
la calle, andar libremente y encontrarse con amigos? ¿Se podía usar
ropa informal, andar con pelo largo y hacer música en las plazas?¿Se
podía estar en un bar hasta cualquier hora sin paranoias?¿Se podía
atravesar avenida Corrientes desde Callao hasta Florida sin que te
parasen a pedirte documentos? ¿Se podía andar por el guetto sin
terminar la noche en el calabozo de una comisaría? Pero casi nunca
se podía nada. Y en ese tiempo menos que nada. Y eso que no había
“guerra al narcotráfico”. “No se conocía coca ni morfina.”
Y es cierto, porque marihuana debía haber en el ambiente de los
boliches del bajo y entre el lumpenaje y por ahí debía pasar el
escaso tráfico que justamente en esa época comenzaba a desplazarse
hacía otro nivel social. Entre los jóvenes nadie compraba ni vendía
pero algunos acababan de probar y venían de pasar por la
experiencia. De alguna forma muy encubierta aparecían de vez en
cuando un par de joins entre los grupos de pintores o de poetas.
Desplazamiento del espectro: lo que en la generación anterior era
exclusivo del ambiente del ampa y la prostitución, o como máximo de
uso limitado entre los músicos de jazz, ahora iba pasando
imperceptiblemente al mundo de los actores de teatro, los músicos de
rock, los plásticos, los escritores… Pero este fenómeno todavía
no era del conocimiento de la policía y cuando nos detenían no
buscaban drogas, pero nos perseguían simplemente porque teníamos
una actitud vital desafiante y porque enarbolabamos las banderas de
la libertad con nuestra música, color, alegría, paz y amor en un
mundo de muertos.
Éramos
fácilmente detectables, como si en una película en puros blancos y
negros y grises y zepias fuesen apareciendo de pronto manchas
luminosas y estallidos de color. (Hoy con la TV color la gente vive
en un mundo tal vez excesivamente colorido aunque no sea cierto, y
hasta los niños viven en un mundo de colores fluor, pero en aquel
entonces el color era como privativo del Technicolor de las
películas, pero en la mayoría de la gente había como una
encubierta fobia cromática. El color no era serio, claro, estaba
bien para las putas y si un color era muy fuerte resultaba ser un
color chillón. Usar varios colores juntos combinados era andar de
colorinches o ser un payaso. La gente por la calle tenía reacciones
extremas, al ver un muchacho con una camisa de colores se reían o se
sobresaltaban, se escandalizaban, se enfurecían o se asustaban. A
muchos les brotaba el insulto espontaneo ya que el color era una
irreverencia. Era un fenómeno extraño, sin duda había algo en la
percepción que estaba cambiando y con ese factor iban a cambiar las
costumbres, la moral y el sentir de una sociedad y también el
psiquismo de una época. Se estaba por producir una ampliación y el
mundo se resistía tratando de mantener el astutus quo. Había que
sofocar esas ideas foraneas que llegaban desde California. Eso
estaba bien allá en el norte, pero no en casa. “Aquí no” decían
los viejos.
En su
diario de l966, Pipo anotaba que ardía en deseos de salir a la calle
y esa primavera del ´67, finalmente salimos a la calle, empezamos a
tomar las calles. A pesar de la represión ahí estábamos en las
plazas… y en las calles.
Leyendo
las notas del diario de Pipo parecería que las cosas iban a darse a
través de la política. A los 20 años Pipo se esforzaba por tener
conciencia de la compleja realidad política de nuestra época. Hasta
hace frecuentes alusiones a la lucha en Centroamérica. Pero ese día
no fue la política la que salio a la calle, porque esa primera
primavera salió a la calle la poesía.
Fue
un día espléndido como verdaderamente lo son pocas primaveras. En
algún momento nos habíamos encontrado y andábamos juntos tomados
de la mano. Empezamos a reunirnos con los amigos durante el desfile
de las carrozas en avenida Santa Fé. Era muy pintoresco pero no nos
interesaba mayormente. Esa era la primavera comercial, la primavera
de papel maché que hacían circular todos los años. Pero era el
marco mas apropiado para nuestra pequeña revolución.
Empezamos
a circular entre la gente y eso produjo una leve alteración en el
foco de atención. No pertenecíamos a las comparsas de las carrozas
ni estábamos disfrazados, pero sonriendo iluminados, con atuendos de
vivos colores, collares y amuletos colgando del cuello y anillos en
todos los dedos de las manos, con los rostros pintados con flores,
soles y serpientes aladas, y esgrimiendo el signo de la paz, haciendo
sonar panderetas y flautas cantábamos y bailábamos mezclándonos
entre la gente, mientras por la avenida pasaban las reinas estáticas
en sus artificiales carrozas. Pero la gente se agolpaba a nuestro
alrededor para vernos pasar.
Así
paseamos largo tiempo de un lado a otro del desfile. Parándonos ante
un grupo mod que hacía rock sofisticado en la puerta de una casa de
música.
Y
después fuimos caminando hasta la Plaza de la República. Al llegar
al Obelisco, Pipo organizó un juego. La plaza estaba rodeada de
gente que nos había seguido hasta allí, así que convinimos un par
de consignas simples y en perfecto orden formamos con nuestros
cuerpos acostados en el suelo las palabras AMOR Y PAZ. Así
permanecimos unos momentos. En ese tiempo la rotonda del Obelisco no
estaba como ahora abierta al paso de los vehículos y era una
plataforma perfectamente circular que rodeaba al monumento y dentro
de ese círculo quedó inscrito nuestro mensaje. La gente alrededor
aclamó
y aplaudió entusiasmada, entonces, nos levantamos, saludamos y nos
fuimos.
Caminamos
hasta plaza San Martín y nos sentamos en el pasto en un gran círculo
en posición de loto cantando todos los temas de ese tiempo. Muchas
eran canciones de protesta entre las que estaban “La Balsa”,
“Soplando en el Viento”, “Ayer nomás”, junto a otros temas
de Dylan, Seeguer, Beatles, Stones y Dónovan.
Caminamos
en grupos por la plaza que se iba llenando de curiosos mientras
posábamos para los fotógrafos de las revistas y respondíamos
preguntas a los periodistas. Una periodista muy joven y hermosa gravó
una entrevista haciéndonos preguntas. Era Chunchuna Villafañe y
Pipo contestaba las preguntas entre divertido y molesto, pero se lo
veía felíz. Habíamos salido a la calle.
Y al
caer la noche seguíamos allí haciendo música, cantando y bailando
hasta que vino la policía y nos llevó.
Éramos
tantos que llenamos dos calabozos y como no nos revisaron, los que
teníamos pastillitas las encanutamos entre las ropas y las tomamos
adentro y seguimos haciendo música y cantando. Cada tanto nos
paraban con gritos y amenazas, pero la música volvía a brotar.
Hasta que finalmente se fueron quedando dormidos unos sobre otros
sobre el piso de la celda.
En un
rincón, Miguel y yo que nos habíamos tomado los canutos
conversábamos en un susurro. Yo estaba muy copado dibujando en mi
cuaderno. No quería saber ni donde estaba, pero Miguel me mostraba
los cuerpos dormidos de nuestros amigos y me decía sombrío:
-Muertos…
Están todos muertos.
-No,
Miguel, -le decía yo tratando de tranquilizarlo. –estan dormidos.
En cualquier momento nos vamos.
Pero
él seguía afirmando que estaban muertos. Levantó la mano del que
tenía más cerca y la dejó caer.
-¿Ves?...
–me dijo. –Muerto…Todos muertos.
Parecía
sentir un asco indescriptible. Y me pareció que tenía razón, pero
le dije:
-Ahora
que cambie la guardia nos largan.
CARTA A LOS NÁUFRAGOS HIPPIES PORTEÑOS
Seamos indestructibles como las estaciones.
Aparezcamos a iluminar con golpes de amor el escenario gris en que nos han metido.
Y a cada odio respondamos con una mejilla;
a cada mueca con una mirada y una caricia.
Y esperemos en silencio el momento de salir y besar a todos,
el tiempo en que podamos bailar en la calle bajo el sol.
Sentados, con las piernas cruzadas, mirándonos,
dejando en libertad lo que tenemos y lo que nos pasa,
guardando la luz de la primavera en las manos y en los ojos,
hilamos la hora de regalar a todos nuestros hermanos
la fé en lo que soy yo, es él, sos vos.
Y no aceptemos jamás un círculo cerrado de sordidez;
la pérdida de nuestra piel para sentir el viento;
no neguemos jamás una presencia que vibra al lado nuestro;
no creamos que estamos en otro lugar que el que estamos
tan sencillamente frente a frente.
Y cuando vuelva la primavera
saldremos todos a encontrarnos en el pasto
y nuestro fervor no será detenido por ninguna fuerza
y toda la gente se pondrá en la ronda
Y bailará de la mano con nosotros.
Pipo Remolino
Baires - Invierno 68
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